Ella caminaba. Volvía a casa del instituto un frío día de invierno. Temblaba y tenía mucho frío, pero no quería llegar a casa. Entrar ahí era como entrar en el mismísimo infierno. Ahí dentro la soledad se hacía más tangible, las ganas de desaparecer volvían.
Llego a las puertas del infierno, pero decidió seguir andando, no quería que la tristeza y la soledad le devoraran, ella quería ser libre, andar hasta que le fallaran las piernas. Y en lo más profundo de su corazón deseaba encontrarle a él por el camino y así seguir los dos juntos.
Vaya, escribes muy bien. Me encanta y, aunque parezca que lo diga por cortesía lo digo de corazón, me gusta mucho.
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